octubre 2014

domingo, 26 de octubre de 2014

martes, 21 de octubre de 2014

Noches de vagancia


Nuevamente las ganas de hacer algo se me van como si fueran aves escapando al sonido de un escopetazo; tanta flojera me da que hasta escribo con una cara de aburrido, recontra monse.
photo credit: Transformer18 via photopin cc
El jueves será un día bastante ajetreado, y no es para menos ya que tengo varias cosas que hacer en el hospital y en la universidad, eso sin contar los trabajos y presentaciones que debo dar. Costumbre mía la de siempre confiarme y planear todo para última hora, claro que después vienen los lamentos y mis famosos 'regrets'.

Entonces, rompiendo la costumbre decidí hacer los trabajos con dos días de anticipación en lugar de tan solo uno. La verdad que a estas alturas de la vida me siento un tanto mediocre en este aspecto y la culpa la tengo yo y las cosas que me tocan hacer; no es que sean fáciles, sino que con toda la adrenalina de tener poco tiempo para presentar el trabajo me emociono y en realidad me enfoco en el tema, ese momento todo es fascinación, me enamoro del tema y se me es más fácil entenderlo y por ende hacer el trabajo bien. Y esto me ha funcionado tan bien en la mayoría de casos que ya lo he optado como mi manera de hacer las cosas, así que me es difícil romper esta rutina. De los exámenes mejor ni hablo porque arruinarían todas estas líneas, hay alguna materia que me está haciendo sacar canas y me tienta a ser masoquista, cambiar mi estilo de vida y empezar a odiar a los niños.

A pesar de esto tengo que esforzarme por tener todo listo. A veces pienso que soy la cabeza de todo, o de repente es mi ego que a estas horas confunde las cosas. Hoy por ejemplo tuve (tuvimos) que organizar todo respecto a una exposición; casi como siempre yo soy el comunicador del grupo, el que da las "órdenes" y resuelve los problemas, difícil trabajar con personas que tienen sus diferencias entre ellas, pero como siempre digo, me vale un comino eso, primero que se enfoquen en el trabajo y luego si desean que se maten; aún así no todo va siempre de maravilla.

Noches de vagancia que no puedo evitar y que si trato de hacerlo vienen a aplicar todo su rigor y furia para verme vencido. Pongo algunas canciones de los Pixies y ahora me siento hipnotizado, hablando musicalmente. En fin, espero todo salga bien, ya quiero unas buenas vagaciones, así que a aguantarme unos dos meses más.

Solo espero ya caer por el sueño. Estoy hecho un zombie digno de The Walking Dead, aunque con la flojera hasta de morder, así que ni para eso soy bueno.

viernes, 17 de octubre de 2014

Nueve vidas, una oportunidad


Advertencia: El siguiente texto contiene material bastante inútil y solo con fines de procrastinación. ¡Adelante! No me hago responsable de las reacciones que tengas luego de leerlo.

La paz vuelve de nuevo; aunque después de todo no puedo decir lo mismo del pobre gato que fue brutalmente asesinado por su propia especie, o eso es lo que creo. Después de todo siempre sospeché que los gatos eran así y con esto corroboro una de las pocas cosas a las que en realidad les tengo miedo. ¡Pelea de gatos!

Fue hace poco más de un mes, ya descansando en cama y leyendo algo que ni recuerdo; todo se salió de control en segundos, luego de escuchar unos infernales maullidos de tres gatos, maullidos que no eran simplemente eso, maullidos que eran gritos de guerra; en realidad se sintió el miedo, más aún con el ambiente de esa fría noche a las dos de la mañana; del silencio sombrío y de la densa niebla explotó el primer maullido, cual grito de batalla que indicaba que solo un bando salía con vida ese día.



La desventaja jugó un papel importante aquella noche, dos contra uno, yo que aquél gato hubiera salido corriendo como si no hubiera un mañana, ahí me di cuenta de que somos tan parecidos, fue en realidad una pelea de dos pandillas o algo así como un ajuste de cuentas porque el pobre gato les debía algo; no sé, la imaginación sobrepasa mis límites. 

Espantoso escenario en el terreno descampado junto donde vivo. La curiosidad me mató, vaya suerte que tengo de no ser gato. 

En fin fueron largos minutos e incontables maullidos, no pude soportar ver todo, me aterra ver gatos badboys, así que si los veo peleando hay riesgo de que me vean y luego vengan por mí. Los ruidos continuaron, mezclados con el sonido de calaminas hasta que todo cesó, se lograba oír suaves maullidos que ya expresaban agonía, en los últimos minutos de aquel felino que por la oscuridad no pude ver por donde yacía.

Me fui a dormir, debo admitir que algo perturbado y con pensamientos del momento que al despertar no recordé. Asomándome a la ventana recordé el episodio de aquella noche y viendo el cadáver  del gato en casi el centro del descampado todo regresó a mi mente. Hasta hoy sigo reconstruyendo la escena, y es que el gato (o lo que queda de él) sigue ahí, ya seco y de hecho bastante bien conservado; ¿tendrá algo que ver las plantas y el terreno?

Así concluye otro capítulo de las sombrías aventuras de Víctor. Nos leemos en otro episodio.